Reflujo: qué lo provoca y qué lo calma

Alimentación

Reflujo: qué lo provoca y qué lo calma

Reflujo: qué lo provoca y qué lo calma

Introducción

La acidez que sube después de comer, la tos seca nocturna, la sensación de nudo en la garganta, la voz ronca por las mañanas. El reflujo gastroesofágico es uno de los motivos de consulta digestiva más frecuentes y uno de los peor manejados por cuenta propia.

Buena parte del problema viene de una idea equivocada sobre su causa. La mayoría de la gente asume que el reflujo es un exceso de ácido, y en consecuencia lo trata como si lo fuera: antiácidos a demanda, durante años, sin revisar nada más.

El reflujo casi nunca es un problema de cuánto ácido hay. Es un problema de dónde está.

El ácido está donde debe estar. Lo que falla es la puerta que debería mantenerlo ahí.

El mecanismo

Entre el esófago y el estómago hay un esfínter —el esfínter esofágico inferior— que actúa como válvula. Debería abrirse al tragar y permanecer cerrado el resto del tiempo.

El mecanismo principal del reflujo son las relajaciones transitorias de ese esfínter: momentos en que se abre sin que haya deglución. Ocurren en todo el mundo; se vuelven patológicas cuando son frecuentes o cuando el contenido que sube irrita la mucosa esofágica, que no tiene la protección del estómago.

Tres factores lo facilitan:

La presión abdominal. Todo lo que empuja el estómago hacia arriba: obesidad abdominal, comidas muy voluminosas, ropa ajustada, ciertas posturas, embarazo.

La gravedad, o su ausencia. De pie, el contenido gástrico tiende a quedarse abajo. Acostado, no.

La relajación del esfínter. Favorecida por el tabaco, el alcohol y algunos fármacos.

A eso se suma, en parte de los casos, una hernia de hiato, que desplaza la unión y reduce su eficacia mecánica.

Lo que funciona, por orden de evidencia

Las guías clínicas actuales son bastante claras sobre qué medidas tienen respaldo, y el orden sorprende a mucha gente.

Perder peso, si hay exceso. Es la medida con mejor evidencia de todas, y la menos mencionada. La reducción de la presión abdominal disminuye los episodios de forma consistente.

Elevar la cabecera de la cama. No con almohadas, que solo doblan el cuello: elevando las patas de la cabecera entre quince y veinte centímetros, o con una cuña bajo el colchón. La gravedad trabaja toda la noche a tu favor.

No comer en las tres horas previas a acostarse. Es la medida que más rápido se nota en el reflujo nocturno.

Dejar de fumar. El tabaco reduce el tono del esfínter de forma directa.

Dormir sobre el lado izquierdo. Por anatomía, la unión queda por encima del nivel del contenido gástrico. Es una medida menor pero gratuita.

Comidas más pequeñas y más repartidas. El volumen gástrico es un disparador directo.

Lo que probablemente no hace falta

Aquí está el cambio de criterio más relevante de los últimos años.

Durante décadas se entregaba a todo paciente con reflujo una lista de alimentos prohibidos: café, chocolate, cítricos, tomate, menta, comida picante, grasas, bebidas gaseosas. Las guías actuales no recomiendan eliminar esos alimentos de forma rutinaria y generalizada, porque la evidencia de que ayude a todo el mundo es débil.

Lo que sí recomiendan es otra cosa, más sensata: identificar tus propios disparadores y evitar esos. Si el tomate te produce síntomas de forma reproducible, evítalo. Si el café no te hace nada, no hay razón para dejarlo.

La diferencia es importante: una lista genérica empobrece la dieta durante años sin beneficio demostrado; un registro personal de dos semanas identifica los tres o cuatro alimentos que de verdad te afectan.

Sobre los antiácidos y los inhibidores

Los medicamentos funcionan y tienen su lugar. Conviene conocerlos.

Antiácidos y alginatos actúan rápido y sirven para el síntoma puntual. Los alginatos forman una barrera física sobre el contenido gástrico y tienen buena evidencia para el reflujo postprandial.

Los inhibidores de la bomba de protones son eficaces y, en indicaciones correctas, apropiados. Dos cosas que conviene saber:

  • Se toman treinta a sesenta minutos antes de la comida, no después ni al acostarse. Mucha gente los toma mal y concluye que no le sirven.
  • Su uso prolongado no es inocuo. Se asocia con peor absorción de vitamina B12, hierro, calcio y magnesio, y con mayor riesgo de ciertas infecciones digestivas. Eso no significa que haya que suspenderlos —en esofagitis o Barrett son necesarios—, significa que conviene revisar periódicamente con el médico si siguen haciendo falta.
  • Al retirarlos puede haber rebote ácido transitorio, lo que hace creer que no se puede vivir sin ellos. Se maneja bajando la dosis de forma gradual y con indicación médica, no de golpe por cuenta propia.

Cuándo consultar sin demora

Este apartado no es opcional. Hay síntomas que no se manejan con medidas dietéticas:

  • Dificultad para tragar o dolor al tragar.
  • Pérdida de peso sin explicación.
  • Vómitos persistentes o con sangre, o deposiciones negras.
  • Anemia.
  • Síntomas que aparecen por primera vez después de los cincuenta y cinco años.
  • Reflujo que no responde tras varias semanas de tratamiento bien hecho.
  • Dolor torácico, que siempre debe descartarse de origen cardíaco antes de atribuirlo al reflujo.

El reflujo crónico mal controlado puede derivar en esofagitis y, en una minoría, en esófago de Barrett, que requiere seguimiento. Por eso el autotratamiento indefinido sin diagnóstico no es una buena idea.

Errores frecuentes

Tomar antiácidos todos los días durante años sin consultar. Es el más común de todos.

Acostarse después de cenar. Aunque la cena sea ligera.

Apilar almohadas. Flexiona el cuello y aumenta la presión abdominal: empeora en vez de mejorar.

Beber mucho líquido con la comida. Aumenta el volumen gástrico en quien ya tiene el problema.

Eliminar quince alimentos por precaución. Empobrece la dieta sin evidencia de beneficio general.

Confundir reflujo con gastritis o con dispepsia. Son cuadros distintos, con manejo distinto, y el diagnóstico no se hace por internet.

Conclusión

El reflujo responde muy bien a medidas mecánicas —peso, gravedad, volumen, horario— y bastante menos a las listas de alimentos prohibidos que circulan desde hace cuarenta años.

Si tienes reflujo nocturno, la acción de esta semana es concreta y probablemente la que más notarás: eleva quince centímetros las patas de la cabecera de tu cama y deja de comer tres horas antes de acostarte. Si en dos semanas no hay mejoría, o si aparece cualquiera de las señales de alarma, eso va al médico y no a otra lista de alimentos.

Referencias

  • Katz, P. O. et al. (2022). ACG Clinical Guideline for the Diagnosis and Management of Gastroesophageal Reflux Disease. American Journal of Gastroenterology, 117(1), 27-56.
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