Edulcorantes a examen: qué sabemos de cada uno

Alimentación

Edulcorantes a examen: qué sabemos de cada uno

Edulcorantes a examen: qué sabemos de cada uno

Introducción

La conversación sobre los edulcorantes está atrapada entre dos posiciones igual de poco útiles. Una sostiene que son productos químicos peligrosos que destruyen la microbiota y provocan cáncer. La otra, promovida por la industria, que son completamente inocuos y que puede consumirse una cantidad ilimitada sin consecuencia alguna.

La evidencia no respalda ninguna de las dos. Lo que hay es un panorama con matices, diferencias importantes entre unas moléculas y otras, y una conclusión práctica que probablemente no le guste a nadie: son mejores que el azúcar y peores que el agua.

La pregunta relevante no es si el edulcorante es seguro en abstracto. Es con qué lo estás comparando.

El panorama por familias

Artificiales de alta intensidad. Sacarina, aspartamo, sucralosa, acesulfamo-K. Entre doscientas y seiscientas veces más dulces que el azúcar, por lo que se usan en cantidades minúsculas. Aportan cero o casi cero energía.

Polialcoholes o polioles. Eritritol, xilitol, maltitol, sorbitol. Dulzor similar o algo menor que el azúcar, con aporte energético parcial. Se usan en volumen, lo que los hace útiles en repostería y problemáticos en el intestino.

De origen vegetal. Glucósidos de esteviol —de la estevia—, mogrósidos —de la fruta del monje—. Muy intensos, sin energía. Con regusto característico que no a todo el mundo le gusta.

Alulosa. Un azúcar raro presente en pequeñas cantidades en algunas frutas. Se absorbe pero apenas se metaboliza, así que aporta muy poca energía. Se comporta en cocina de forma parecida al azúcar. Es la más reciente y la que menos historial acumulado tiene.

Aspartamo y la clasificación de la OMS

En 2023 la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer clasificó el aspartamo como «posiblemente carcinogénico para los humanos», grupo 2B. El titular circuló mucho y asustó bastante.

Conviene entender qué significa esa clasificación, porque casi siempre se malinterpreta:

El grupo 2B indica evidencia limitada, no un riesgo cuantificado. En la misma categoría están el aloe vera entero y los encurtidos tradicionales asiáticos. La clasificación evalúa si una sustancia puede causar cáncer en alguna circunstancia, no cuánto riesgo supone a las dosis reales de consumo.

El comité conjunto que sí evalúa dosis mantuvo la ingesta diaria admisible sin cambios, en 40 miligramos por kilo de peso corporal. Para una persona de setenta kilos, eso equivale a más de una docena de latas de bebida light al día, todos los días.

La lectura sensata: no hay motivo de alarma al nivel de consumo habitual, y tampoco motivo para tratarlo como agua.

El caso del eritritol

En 2023 un estudio publicado en Nature Medicine asoció niveles altos de eritritol en sangre con mayor riesgo de eventos cardiovasculares, y mostró en experimentos que favorecía la agregación plaquetaria.

Este también necesita contexto:

El cuerpo produce eritritol de forma endógena a través de la vía de las pentosas fosfato, y esa producción aumenta en personas con estrés metabólico. Por tanto, un nivel alto en sangre puede ser consecuencia del síndrome metabólico más que causa de nada. Los autores lo reconocen.

La parte observacional se hizo en personas con riesgo cardiovascular elevado, no en población general.

La parte experimental usó dosis equivalentes a una bebida grande endulzada con eritritol, lo que no es descabellado.

Es un hallazgo que merece seguimiento, no pánico. Lo razonable mientras se investiga es no convertir el eritritol en la base de un consumo diario elevado.

Microbiota y respuesta a la glucosa

Algunos estudios han mostrado que ciertos edulcorantes artificiales pueden alterar la composición de la microbiota intestinal y, en algunas personas, empeorar la tolerancia a la glucosa. Un trabajo publicado en Cell en 2022 encontró respuestas individuales muy variables: unos participantes cambiaban su respuesta glucémica, otros no.

Es un campo en desarrollo, con estudios de corta duración y efectos heterogéneos. No permite afirmar que los edulcorantes deterioren la salud metabólica, ni descartarlo.

Sobre la «fase cefálica de la insulina» —la idea de que el sabor dulce en la lengua dispara insulina sin azúcar—: los ensayos controlados en humanos no han encontrado elevaciones de insulina clínicamente relevantes con edulcorantes no calóricos. Es un mito bastante extendido.

Los polioles y el intestino

Aquí no hay controversia: es fisiología predecible.

Los polialcoholes se absorben de forma incompleta en el intestino delgado. Lo que no se absorbe llega al colon, atrae agua por osmosis y fermenta. Resultado: distensión, gases y efecto laxante a partir de cierta dosis.

Los peores en este aspecto: maltitol y sorbitol. El maltitol es el edulcorante más usado en los chocolates y galletas «sin azúcar», y es responsable de buena parte de los episodios digestivos que la gente atribuye a otras cosas.

El mejor tolerado: eritritol, porque se absorbe en su mayor parte y se elimina intacto por la orina.

Un apunte positivo: el xilitol tiene evidencia razonable de efecto anticaries y por eso aparece en chicles dentales. Ojo, eso sí: el xilitol es altamente tóxico para los perros, incluso en cantidades pequeñas.

La postura de la OMS sobre control de peso

En 2023 la Organización Mundial de la Salud emitió una recomendación condicional: no usar edulcorantes no calóricos como estrategia de control de peso.

El razonamiento: las revisiones de estudios a largo plazo no muestran beneficio sostenido sobre el peso ni sobre el riesgo de enfermedades metabólicas.

Es importante leer bien el alcance. La recomendación no dice que sean peligrosos ni desaconseja sustituir una bebida azucarada por una light si eso es lo que consigues hacer. Dice que no son una herramienta eficaz de control de peso por sí mismos, lo cual es otra cosa.

El veredicto práctico

Si consumes bebidas azucaradas a diario, cambiar a versiones edulcoradas es una mejora clara. Menos azúcar libre, menos carga hepática, menos calorías vacías.

Pero el destino no es la versión light: es el agua. El edulcorante funciona mejor como puente que como estación final.

El problema mayor puede no ser el edulcorante, sino lo que endulza. Una galleta «sin azúcar» sigue siendo harina refinada y grasa. Y el reclamo «sin azúcar» funciona con frecuencia como permiso para comer más.

Y el argumento más sólido de todos: el dulzor perpetuo mantiene la preferencia por el dulzor. Quien endulza todo lo que bebe y come encuentra insípida la comida real. Ese es probablemente el efecto más relevante a largo plazo, y no tiene que ver con la toxicología.

Errores frecuentes

Cambiar azúcar por edulcorante y no reducir el dulzor total. El paladar no se reajusta.

Asumir que «natural» significa mejor. La estevia es aceptable, pero no por ser vegetal: por su perfil toxicológico, igual que cualquier otra.

Comer el chocolate «sin azúcar» entero. El maltitol pasará la cuenta.

Interpretar cada titular como una sentencia. La nutrición se construye con cuerpos de evidencia, no con estudios sueltos.

Conclusión

Los edulcorantes no son veneno ni son inocuos por definición. Son una herramienta de transición razonable, con diferencias entre moléculas que importan sobre todo en el plano digestivo.

La acción concreta, si consumes bebidas dulces a diario: usa la versión edulcorada como escalón, no como meta, y fija una fecha para bajar al siguiente escalón, que es agua con gas y limón. El objetivo no es cambiar de molécula dulce. Es necesitar menos dulzor.

Referencias

  • Witkowski, M. et al. (2023). The artificial sweetener erythritol and cardiovascular event risk. Nature Medicine, 29, 710-718.
Ups, algo no salió como se esperaba. Tus datos están a salvo. Recarga la página para seguir construyendo tus hábitos.
Recargar ×

Reconectando…

Se perdió la conexión con el servidor y se está restableciendo automáticamente.

⚠

No se pudo reconectar

Revisa tu conexión a internet y vuelve a intentarlo.