Ayuno intermitente y entrenamiento

Alimentación

Ayuno intermitente y entrenamiento

Ayuno Intermitente y Entrenamiento

Introducción

Pocas prácticas alimentarias han generado tanto entusiasmo y tantas explicaciones metabólicas atractivas. Y pocas se sostienen tan bien en la evidencia por una razón mucho más aburrida que la que suele darse.

El ayuno intermitente funciona para bastante gente. Lo que casi nunca se dice es por qué funciona.

No es un truco metabólico. Es un horario que a algunas personas les hace más fácil comer menos.

Qué es

Varias formas distintas bajo un mismo nombre:

  • Alimentación en ventana restringida (16:8 y similares): comes dentro de una franja de 8 a 10 horas.
  • 5:2: dos días a la semana con ingesta muy reducida.
  • Ayuno en días alternos.

Todas comparten la idea de concentrar la ingesta en menos tiempo.

Lo que muestran los estudios

Es bastante consistente y bastante poco espectacular: cuando las calorías se igualan, el ayuno intermitente produce una pérdida de grasa similar a la restricción continua. Varios metaanálisis llegan a esa conclusión.

Es decir: no hay una ventaja metabólica. Lo que hay es una herramienta de adherencia. Para mucha gente resulta más fácil no desayunar que controlar porciones en cinco comidas, y ese es un motivo perfectamente válido para elegirlo.

Los efectos sobre marcadores de salud —sensibilidad a la insulina, presión, lípidos— tienden a seguir a la pérdida de peso más que al horario en sí.

Dónde sí hay un matiz para quien entrena

Acá aparece la parte que interesa a este libro y que se menciona poco.

El reparto de proteína se comprime. Si comes en una ventana de ocho horas, tienes menos oportunidades de distribuir la proteína. Es manejable —tres comidas caben en ocho horas— y requiere atención deliberada, porque el riesgo real es no llegar al total diario.

La masa magra. Algunos estudios que comparan ayuno con restricción continua encuentran una retención de masa magra ligeramente menor con el ayuno; otros no encuentran diferencias. La evidencia está dividida, y el factor que más parece explicarla es si la proteína fue suficiente y si se entrenó fuerza.

La conclusión práctica: si haces ayuno intermitente y entrenas, la proteína es la variable que hay que vigilar.

Entrenar en ayunas

Es una pregunta distinta de la anterior y conviene separarlas.

Para trabajo de baja intensidad, entrenar en ayunas está bien. Caminar, trotar suave, pedalear cómodo: no hay problema y a mucha gente le resulta cómodo.

Para trabajo de alta intensidad, el rendimiento cae. Series pesadas, intervalos y sesiones largas salen peor sin combustible disponible.

Y sobre el «cardio en ayunas quema más grasa»: es el mito más persistente del tema. Sí es cierto que durante el ejercicio en ayunas se oxida proporcionalmente más grasa. Lo que no se sigue de ahí es que se pierda más grasa corporal, porque el cuerpo compensa durante el resto del día.

El estudio de Schoenfeld y colaboradores comparó directamente cardio en ayunas contra cardio después de comer, con la dieta igualada, durante varias semanas: no hubo diferencia en la pérdida de grasa.

Si te funciona, cómo hacerlo bien

1. Prioriza el total de proteína. Apunta a 1,6-2,2 g/kg y repártelo en tres comidas dentro de la ventana. 2. Pon el entrenamiento cerca de la ventana de comida. Idealmente justo antes del primer alimento o entre comidas, no al final de un ayuno largo si vas a entrenar duro. 3. Deja las sesiones intensas para cuando estés alimentado. Los intervalos y la fuerza pesada rinden mejor así. 4. Vigila la energía total. El riesgo del ayuno en quien entrena mucho no es comer de más: es no comer suficiente, y eso limita la recuperación. 5. Si el rendimiento cae de forma sostenida, el horario no te está sirviendo, por muy bien que suene.

Quiénes no deberían

Vale nombrarlo con claridad:

  • Antecedentes de trastorno de la conducta alimentaria. El ayuno puede reactivar patrones restrictivos y de atracón.
  • Embarazo y lactancia.
  • Diabetes tipo 1, o tipo 2 con insulina o sulfonilureas, por riesgo de hipoglucemia. Requiere ajuste médico.
  • Bajo peso o baja disponibilidad energética.
  • Adolescentes.
  • Y en general, si tomas medicación que requiere comida o tiene horarios estrictos.

Si tienes alguna condición diagnosticada, esto se conversa antes de empezar.

Errores frecuentes

Esperar un efecto metabólico. No lo hay más allá del déficit que produce.

Compensar en la ventana. Comer en ocho horas no impide comer de más.

Descuidar la proteína. El error más común de quien combina ayuno con entrenamiento de fuerza.

Hacer las sesiones duras al final del ayuno. Rinden peor sin necesidad.

Sostenerlo aunque te haga sentir mal. Es una herramienta de adherencia; si no te acomoda, no cumple su única función.

Conclusión

El ayuno intermitente es un horario, no un mecanismo. Funciona igual que otras formas de restricción cuando las calorías coinciden, y su valor real es que a algunas personas les simplifica comer menos.

Si te acomoda, quédate con él y haz una sola cosa distinta: calcula tu proteína total y asegúrate de repartirla en tres comidas dentro de la ventana. Ese es el punto donde el ayuno y el entrenamiento de fuerza pueden estorbarse, y es el único que necesitas vigilar.

Referencias

  • Schoenfeld, B. J., et al. (2014). Body composition changes associated with fasted versus non-fasted aerobic exercise. Journal of the International Society of Sports Nutrition, 11.
  • Tinsley, G. M., et al. (2019). Time-restricted feeding plus resistance training in active females. The American Journal of Clinical Nutrition, 110(3).
  • Cienfuegos, S., et al. (2020). Effects of 4- and 6-h time-restricted feeding on weight and cardiometabolic health. Cell Metabolism, 32(3).
  • Templeman, I., et al. (2021). A randomized controlled trial to isolate the effects of fasting and energy restriction on weight loss. Science Translational Medicine, 13(598).
  • Levy, E., & Chu, T. (2019). Intermittent fasting and its effects on athletic performance: A review. Current Sports Medicine Reports, 18(7).
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